Viernes, 18 Enero 2019

“Organizaciones territoriales de lucha proletaria” Que son y que deben llegar a ser

Prólogo

Hemos insistido otras veces en que si bien el resultado de la evolución de los sindicatos en el ámbito de la moderna fase imperialista ha transformado la estructura sindical tradicional en un auténtico órgano de control económico y social del proletariado, no por ello ha desaparecido la necesidad de la defensa económica, como no ha desaparecido el antagonismo radical y potencial del proletariado en sus enfrentamientos con el capital. La marcha de la crisis económica, las contradicciones que se abren con ella y las consiguientes derivas sociales empujan inexorablemente a los trabajadores de todos los Estados imperialistas a ese terreno de lucha, y le obligarán a darse nuevamente estructuras estables de defensa. Y este también será uno de los campos de batalla entre los comunistas y el variado frente del enemigo reformista burgués (ver nuestro folleto de agitación, Por la defensa intransigente de las condiciones de vida y de trabajo de los proletarios. Formas de organización, métodos y objetivos de lucha).

Este es, muy sintetizado, el camino que tendrá que seguir nuestra clase en el resurgimiento de las luchas en un plano estrictamente sindical y social: un camino que no sólo no es ni será lineal, sino que se nutre y se nutrirá cada vez más de experiencias organizativas transitorias; un poco a la manera de la energía potencial que se acumula antes de explotar. 

Una de estas experiencias organizativas es la formación de “organismos” ó “comités” de trabajadores que se agrupan mas allá de los límites de la empresa, de la fábrica y –como es el caso de elementos procedentes del baqueteado empleo público- y de categoría, y que buscan sumar también a aquellos proletarios que viven en el aislamientos de las micro-empresas o en la cárcel del impuesto del I.V.A de los pequeños autónomos. Son experiencias importantes, que a menudo señalan la vía una posible reorganización: pero no son (ni pueden ser) el embrión de un sindicato de clase. Frecuentemente se presentan junto a otras experiencias de lucha, importantes pero organizativamente diferentes, y también para nosotros, los comunistas, transitorias. 

Lo importante para nosotros es que estas organizaciones estén abiertas a todos los trabajadores, y también a aquellos que sufren y representan posiciones pertenecientes al variado mundo del reformismo maximalista. Y en cualquier caso, para evitar su transformación en centros de discusión estériles e inútiles entre militantes, ó para evitar que se conviertan en grupos de activistas voluntariosos al servicio de las causas mas diferentes, los comunistas tenemos el deber de fijar contenidos y límites precisos que favorezcan la vitalidad, la perseverancia y la persecución de objetivos que puedan romper con la traición y la inercia de todas las corporaciones sindicales nacionales, grandes y pequeñas. 

Se trata así de precisar las líneas-guía de orientación de la voluntad de lucha de estos organismos y precisar sus objetivos para organizar la rebelión espontánea y la repulsa a la “acción corrupta de los sindicatos”. 

El campo de batalla de estas organizaciones es el de la defensa de los intereses inmediatos de nuestra clase: salario, salud y en general las condiciones de vida y trabajo, a partir de situaciones empresariales específicas, pero generalizadas y referidas a todos los trabajadores asalariados.

Debemos ser conscientes del hecho de que muy difícilmente pueden estos organismos, en el ámbito de las leyes vigentes actualmente y en las actuales relaciones de fuerza, llegar a ser un sujeto contractual y disponer de la autoridad para “negociar conflictos sindicales”. Pero, precisamente por esto, pueden organizar una combatividad que represente los intereses de todos los trabajadores, mas allá de los límites de la misma contratación: promover y organizar la lucha (y su defensa), coordinarla y sostenerla con cajas de resistencia, identificando siempre un núcleo de trabajadores de confianza y combativos que controlen a los sindicalistas profesionales, pegados a su lado en todo momento de esos conflictos. 

Con el sindicalismo de régimen y sus representantes es evidente la ruta de colisión y por esto siempre debe estar clara la diferencia entre los “organismos territoriales de lucha proletaria”, de los que buscamos la creación, con los sindicatos oficiales y las secciones sindicales de empresa; lo que significa que, mientras se puede permitir que por razones prácticas trabajadores adheridos a estos “organismos” dispongan de un carnet sindical, se hace necesario que propaguen y practiquen todas las formas posibles de sindicalismo clasista. 

Veamos por tanto a continuación cuales son los puntos en torno a los que se deben organizar estas experiencias de lucha proletaria. 

Cuatro ámbitos de acción

En la actual situación histórica, resultado de una profunda transformación de las formas de defensa del proletariado en la época del imperialismo, la organización de los trabajadores se manifiesta de dos maneras: en estructuras sindicales totalmente integradas en los aparatos políticos y económicos del Estado (“nacionalizadas”, por así decir, aunque formalmente “libres”), animadas por una aristocracia obrera todavía amplia y extendida sobre el territorio, definitiva y rígidamente alineada con el frente enemigo, y en un conjunto de estructuras sindicales pequeñas.

Antes de delinear un esbozo organizativo, definamos los ámbitos en los que convergen la lucha de defensa económica en sus aspectos más generales, la lucha tanto dentro de las grandes corporaciones como de las pequeñas, y por último el contexto en el que, en su interior, deben actuar las fuerzas políticas clasistas y revolucionarias.

El ámbito de la lucha económica es el de la defensa de los intereses inmediatos de la clase, con el objetivo de la defensa del salario y de la salud física de los trabajadores (horarios, ritmos, extraordinarias, productividad, intensidad), y en general de las condiciones de vida y de trabajo de todos los proletarios. Al no moverse en una relación contractual como sucede en un sindicato (pero no porque lo rechace ideológicamente), la organización territorial de lucha se manifiesta en concreto en el conjunto de las necesidades y los intereses de clase en todos los aspectos de trabajo y con todos los medios de lucha, con relación a una concreta relación de fuerza y a los episodios que el capitalismo atraviesa. Para ello, el estado de organización y de actividad es el de la “semi legalidad”: impulsa y apoya por tanto acciones de defensa, de coordinación y de lucha (delegando en los proletarios mas combativos, cajas de resistencia)

El ámbito sindical del régimen permanece cerrado a dichos organismos territoriales de lucha proletaria, en tanto que desde hace ya mucho tiempo no es posible conquistar, en el interior de los sindicatos actuales, espacios de luchas y posiciones que permitan una actividad de clase: las condiciones actuales son las de ser expulsados y denunciados, a menos que se haya creado una relación de fuerzas externa capaz de impedir esas acciones. Las consignas, por tanto, giran en torno a la actividad de denuncia de la traición y del esquirolaje descarado, de la concertación y de los pactos de pacificación, de las huelgas farsa, de los objetivos interclasistas y de la reglamentación de las huelgas, continuamente propuestas como un mantra macabro de los sindicatos del régimen. Particularmente debe ponerse en evidencia la denuncia del cobro de la  cuota sindical a través de la cual nuestra clase esta entregada a las manos de la burguesía (mecanismo mediante el cual las organizaciones sindicales legalmente reconocidas, de acuerdo con la patronal y el Estado, reciben automáticamente la cuota de la nómina de los trabajadores). En lugar de la actual organización del régimen, hacer propaganda de una organización sindical independiente y de clase.

El ámbito sindical de los “comités de base” puede ser utilizado en la medida en que los mismos revelen una actividad de clase entre los trabajadores. Considerando que, en la mayor parte de los casos, tales “comités” en poco difieren de los sindicatos del régimen, si no como entidades mas pequeñas y diseminadas entre sectores y categorías aislados, es necesario criticar su actividad cuando resulta un apoyo a las grandes corporaciones. En ellos a menudo confluyen intereses que son ajenos a los de las grandes empresas y por tanto el nivel de conservación corporativa (el nicho creado para satisfacer intereses específicos) es muy resistente, aún estando acompañada de una cierta vivacidad en los conflictos. Es preciso empujar a estos “comités” a salir del ámbito de categoría, profesional, y establecer relaciones más amplias con otras asociaciones idénticas, con el objetivo al menos de un sindicato unitario intercategorías.

El ámbito político más general tiene el objetivo de alimentar la misma lucha de defensa proletaria con métodos y contenidos, objetivos y capacidad organizativa. En estos “comités” siempre acecha una orientación economicista que frecuentemente se acompaña y transforma en orientación “politicista” (la aspiración fantasiosa de hacer de ellos la “célula”  de un partido político o un “parlamentillo obrero”). Se hace preciso por tanto cultivar la memoria y la experiencia de las luchas internacionales del proletariado, para procurar la superación del actual modo de producción capitalista.

Posible esquema organizativo

  •  Una organización territorial de lucha para la defensa de las condiciones de vida y de trabajo de los proletarios debe estar abierta a todos los trabajadores, pero cerrado a los intereses de la burguesía y a los agentes de las corporaciones sindicales del régimen.
  •   Debe ser el lugar para la discusión de decisiones para todos los trabajadores (ocupados en cualquier sector que sea, pero también desocupados, pensionistas, precarios de las más diversas formas, de cualquier sexo, edad, procedencia, etc.) que con su participación activa establecen la única unidad proletaria posible y necesaria, la que parte de la identidad de los intereses esenciales de nuestra clase.
  •  Debe ser un instrumento que, organizando las fuerzas que nacen en los centros de trabajo (y trasladándolas fuera de las prisiones de los centros de trabajo) tiende a superar las angustias de los intereses de categoría con la contribución de la fuerza de todos los demás trabajadores.
  •  Debe de ser un medio de agitación, un instrumento activo de apoyo y unión de las luchas que se abren en la zona, especialmente cuando sus características expresan una tendencia contra las compatibilidades impuestas y manifestadas por los aparatos sindicales del régimen.
  • Debe expresar y reforzar la práctica de las luchas de los trabajadores, plantear y utilizar todos aquellos métodos que, distorsionados y monopolizados por las organizaciones del régimen, representan la fuerza, para que vuelvan a ser auténticas líneas de intervención de clase.
  • Debe dotarse de una organización funcional, con una estructura que tienda a garantizar estabilidad y continuidad.
  • Sus mecanismos de decisión no pueden ser los de una abstracta democracia proletaria o, aún peor, los de una igualmente idealista unanimidad asamblearia, sino la expresión de la cualidad operativa de una mayoría de lucha.
  • Dicha organización no puede cerrarse a las experiencias de lucha social que surjan en el territorio, luchas en las que también participan otros sectores de la población (vivienda, servicios, ambiente, etc.), sino que se debe aportar de forma intransigente no sólo los puntos de vista sino también y sobre todo los intereses de los proletarios.
  • Tal organización, debido a que no es de naturaleza política sino económica y social, no está cerrada a la discusión entre las diferentes posturas políticas de los trabajadores que la forman; por el contrario, favorece su madurez hacia posiciones revolucionarias, internacionalistas y radicalmente anticapitalistas; pero rechaza ser el terreno para un “debate entre grupos políticos”, terreno que por su naturaleza es estéril y dañino.

 Partido comunista Internacional

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