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Entre los muchos aspectos que la crisis económica pone de relieve con mayor (y más dramática) claridad está el hecho de que, sin el partido revolucionario, organizado y seleccionado, fundado sobre una teoría granítica y sobre un programa convalidado por una larga experiencia histórica y aun mas afilado por un balance de ochenta años de contrarrevoluciones, sin este partido, decimos, el proletariado mundial está solo y abandonado a sí mismo, frente al ataque desencadenado por un modo de producción cada vez mas feroz en sus manifestaciones anti-proletarias.

El partido no solo no incluye en sus filas a todos los individuos que componen la clase proletaria, sino que ni siquiera engloba a su mayoría: agrupa a aquella minoría que adquiere la preparación y la madurez colectiva teórica y de acción correspondiente a la visión general y final del movimiento histórico, en todo el mundo y en todo el recorrido que va desde la formación del proletariado a su victoria revolucionaria.


“La cuestión de la conciencia individual no constituye la base de la formación del partido: no solo cada proletario no puede ser consciente, y menos aún dominar culturalmente la doctrina de clase, sino que ni siquiera puede serlo cada militante tomado individualmente, y ni aun los jefes ofrecen esa garantía. Ésta consiste solo en la unidad orgánica del partido.

¡Proletarios! ¡Compañeros!

Mientras la crisis económica nos hunde en el abismo junto a nuestra condición humana y social, mientras crecen en el mundo entero el desempleo y los despidos, poco a poco comienza a agrietarse el muro de cemento, resultado de un opresivo control social ejercicio durante décadas por partidos de derechas, de “izquierdas” y organizaciones sindicales. Las primeras señales llegan de un joven proletariado inmigrado, que desafía de forma abierta a la patronal, una vanguardia que no se encierra en el silencio de los almacenes o de las fábricas, que no teme salir a la calle y reivindicar la mejora general de las propias condiciones de vida y de trabajo, y de la lucha nunca dormida de los proletarios de todo el mundo: desde la revuelta de los mineros sudafricanos a las batallas de los trabajadores argentinos, españoles, griegos, franceses, belgas, estadounidenses.

El nuevo año se abre con mayores y mas graves sobresaltos del modo de producción capitalista: descenso imparable de los precios del petróleo y de las materias primas, altibajos vertiginosos en las divisas internacionales, permanente inestabilidad griega, dificultades de la economía rusa, ralentización de la china y de la alemana, caída en vertical de los mercados bursátiles mundiales, deflación en marcha por doquier, desempleo extendido entre altibajos.

La guerra comercial se hace cada vez más frenética, los choques inter-imperialistas se hacen mas decididos y, desde los Estados Unidos a Francia, desde Italia a Alemania, se extiende la disgregación social.

Prólogo

Hemos insistido otras veces en que si bien el resultado de la evolución de los sindicatos en el ámbito de la moderna fase imperialista ha transformado la estructura sindical tradicional en un auténtico órgano de control económico y social del proletariado, no por ello ha desaparecido la necesidad de la defensa económica, como no ha desaparecido el antagonismo radical y potencial del proletariado en sus enfrentamientos con el capital. La marcha de la crisis económica, las contradicciones que se abren con ella y las consiguientes derivas sociales empujan inexorablemente a los trabajadores de todos los Estados imperialistas a ese terreno de lucha, y le obligarán a darse nuevamente estructuras estables de defensa. Y este también será uno de los campos de batalla entre los comunistas y el variado frente del enemigo reformista burgués (ver nuestro folleto de agitación, Por la defensa intransigente de las condiciones de vida y de trabajo de los proletarios. Formas de organización, métodos y objetivos de lucha).

Habrá quien tuerza el gesto ante este título, quien crea aún en la intrínseca bondad de las “cosas tal cual son”. Pero miremos alrededor: en Bangladesh, en el derrumbe de un gigantesco edificio que albergaba numerosas fábricas de ropa (de esa que “está de moda” en cualquier país occidental), murieron mil doscientos proletarios y proletarias, explotados y malpagados, atados a la cadena del único modo de producción, en la búsqueda despiadada de beneficios; en Siria, día tras día, continúa la matanza de la población proletaria y proletarizada, en una guerra en la que están implicados e interesados los principales imperialismos, todos ellos extrayendo beneficio de las ventas legales o ilegales de armas de todo tipo.