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A propósito de la situación española (después de la huelga del 29 de Marzo)

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Si antes la perspectiva económica estaba peor aún de la difundida por la prensa burguesa, en las últimas semanas nuevos datos objetivos se van acumulando, haciendo mas negro el presente,  determinando un futuro sin alternativa. Poco a poco, la realidad de la crisis del capital se va mostrando en toda su crueldad, y se lleva por delante planes, creencias, e idealismos, destrozando vidas proletarias.  Junto con ello, también atropella -no hay mal que por bien no venga- las tácticas políticas de aquellos que pensaron poder adaptarse a la marcha del capital con el carnet de “rojo” en el bolsillo, tácticas que tuvieron su origen, aunque ahora lo oculten bajo innumerables banderas rojas, en las políticas de “conciliación” nacidas del estalinismo, concretadas en 1977 en los Pactos de la Moncloa,   y llevadas a cabo a lo largo de décadas, pero no por el propio estalinismo (la vida es cruel e ingrata), sino por una socialdemocracia diseñada en laboratorios norteamericanos.

 

Pero dejemos a un lado a los que durante tiempo consideraban que no había “condiciones objetivas” y cuando estas se han presentado se encuentran con que sus estrategias son las que no funcionan. Tiempo habrá para ocuparnos de ellos en el futuro. Ahora,  aparentemente de repente,  el país se asoma al abismo  y el miedo paraliza. No es sólo que se asome al abismo. En palabras de un representante del Partido Popular, “no estamos al borde; estamos colgados, agarrados a una rama”.  Y esa parálisis debe de afectar gravemente a las organizaciones sindicales convocantes de la huelga estatal del pasado 29 de Marzo, CC.OO. y U.G.T. 

 

Antes de tratar el tema de la huelga general se hace preciso recordar algo mas importante para nosotros los proletarios:  la firma, a finales de Enero, de los Acuerdos sobre  Negociación Colectiva y Salarial, que pasa disimuladamente en los medios, entre la palabrería demagógica y el canto a las bondades del diálogo social. La auténtica calaña de estos sindicatos queda por escrito, en su entusiasta colaboración en los objetivos de flexibilidad, disminución salarial y productividad para un plazo de tres años, acuerdos en los que se condensa de forma orientativa  la política mediante la cual la burguesía prevé esclavizar a la fuerza de trabajo en una situación de crisis de sobreproducción, en un futuro inmediato. Todos los aspectos que permiten estrujar al proletariado a fin de obtener un incremento de la plusvalía en términos absolutos y relativos están reflejados en esos acuerdos; todos los métodos orientados  al incremento de los ritmos, a la extensión de la jornada, al desprecio de las normas en virtud del beneficio se exponen, como guía de la explotación. Y la firma de esos Acuerdos se considera como un “avance” por quien en esos momentos estaba calificando de “ataque sin igual a los trabajadores” la Reforma Laboral. Como si el anterior gobierno del PSOE no hubiera hecho de sus medidas anti-obreras el eje esencial de su política. En cualquier caso, invitamos a nuestros lectores de lengua castellana a leer esos Acuerdos, y decidir objetivamente lo que se puede esperar, en el futuro decisivo de los próximos años, de quien colabora de forma tan entusiasta con la burguesía.

 

 

En un principio, está claro que la huelga del 29 de Marzo  (que queda mucho mejor definida como un paro de 24 horas; no pisoteemos el significado de una huelga general) se convoca ante los objetivos de la derecha burguesa  de disminuir todo lo posible la participación en la gestión del capital de la aristocracia obrera y de las cúpulas sindicales, pata reformista del sistema que tiene su base en esa aristocracia sindical y su expresión política en Izquierda Unida y principalmente en la socialdemocracia del PSOE. Lo cual, evidentemente, no implica para nada que esas cúpulas defiendan y representen los intereses de los trabajadores, sino todo lo contrario.  Por su parte, no lo escondían; las llamadas a la “negociación”  de aquellos aspectos “más escandalosos” de la Reforma Laboral eran la motivación de la huelga. Absolutamente nada mas.  Modestos objetivos (incluso como lavado de cara)  los de las burocracias sindicales, objetivos por otro lado no compartidos, metas irrelevantes ante un descontento subterráneo que va mucho mas allá de negociaciones y cínicas e insultantes  llamadas a la “responsabilidad”, y que mas que en la huelga (de participación irregular, en cualquier caso mayor que la esperada por sus convocantes) se expresó en la calle en forma de masivas manifestaciones y no precisamente a favor de la negociación en torno a algún perdido párrafo de una legislación antiobrera.

 

Pero las manifestaciones pasan sin consecuencias. Están controladas, son demostraciones de poder de sus convocantes principales. También pasó el día de paro, que se había vendido como “el principio de una serie de acciones”. Un manto de silencio se ha tendido sobre esa “serie de acciones”, y el silencio ha sustituido a la demagógica palabrería sindicalera  sobre “ataques a los trabajadores”. No sólo se aleja el 29 de Marzo; se aleja también el 29 de Abril, día en que, curiosamente y dos días antes del 1 de Mayo, se convocan manifestaciones en 60 ciudades, sin mucho motivo ni causa….ni estrategia. La desorientación, especialmente entre aquellos sindicatos mas pequeños, atados de pies y manos al seguidismo de los dos mayoritarios, y también entre amplios sectores de los trabajadores es algo natural. ¿Te acuerdas de aquella huelga general de hace un mes? Es que ya no recuerdo contra que era….

 

Lo que no falta cada día a su cita puntual es la crisis, avanzando fuerte  sobre masas desorganizadas y asustadas de proletarios. De proletarios sorprendidos; lo que se hacía difícil de creer, por imposible, tiene perfiles cada vez mas claros. Lo que se contemplaba como profecías apocalípticas empieza a formar parte del paisaje cotidiano. La burguesía ya no oculta, como hizo  bajo los gobiernos socialdemócratas de Zapatero, la profundidad del desastre. La recuperación tiene como condición la destrucción de capital, la desvalorización, el empobrecimiento, y  no sólo de las capas de asalariados. En lo único en que hay desacuerdo es en cual es el límite en la pérdida del poder adquisitivo que las próximas décadas van a contemplar, que van desde un 40% de los mas optimistas hasta un posible 60%. Y eso trastorna todo: desde las políticas de resistencia basadas en el espontaneísmo, por parte de grupos y grupúsculos, hasta el papel que en un país empobrecido y dislocado socialmente, dominado por una burguesía ágrafa y atrasada,  basada en la especulación y el chanchullo, tiene esa capa de trabajadores privilegiados, estrato social  hasta ahora perfectamente garantizado en su recibo de las migajas del sistema y que responde al concepto de aristocracia obrera.

 

De ese empobrecimiento y sus perspectivas hablaremos en adelante.  Mientras tanto, repetimos la necesidad de la actividad militante aquí y en todo lugar, la necesidad de la organización centralizada que haga de la teoría del proletariado la guía de su acción política, la necesidad del análisis científico de un mundo complejo, del que nos llegan  los rumores causados por el hundimiento de algunos de sus pilares, pero que no va a caer por sí solo, ni a corto plazo. Un mundo que todavía y durante mucho tiempo será origen de sufrimientos, de explotación  y desastres.  

 

 Partido comunista internacional

(il programma comunista)

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